LOS OBSTÁCULOS DE QUIEN VIAJA A LA AVENTURA
(Jordi Guasch)
Según mi diccionario particular, inventado, denomino “Avensol” al aventurero/a solitario; es decir, el/la viajero/a que parte con el espíritu aventurero más puro, pues vaga solo/a. También, en cierto modo, podríamos llamarle “Viasol” (Viajero/a Solitario/a).
Los obstáculos más corrientes a los que pueden enfrentarse los viajeros más aventureros, podríamos dividirlos en dos conceptos: Factores externos y factores internos. Obviamente, algunos de estos inconvenientes también pueden afectar al turista y a los/as viajeros/as que van acompañados desde su lugar de origen. Quien viaja, y sobre todo a determinados lugares, ya asume los factores de riesgo, asco e incomodidad con que puede toparse. En mis libros Corrido del Güero Errante, Camino de Varanasi, Aventura en Nepal y Butan Mumbai, describo mis aventuras viajeras aportando experiencias y conocimientos originales, nunca reflejados en este tipo de obras.
Obviamente, se puede viajar a la aventura de diversas maneras, en plan mochilero solo o acompañado, o conduciendo un vehículo, ya sea en solitario o en compañía: moto, bici, coche, furgoneta, caravana...Sin embargo, ya que mi forma de moverme es a pie, con mochila e improvisando medios de transporte, me centraré en este rol, si bien, es evidente que lo que aquí narro también resultará útil para otros tipos de viajeros.
Factores Externos:
1-Las infraestructuras del país al que se viaja: Todo Avensol elige un territorio predominantemente rural, enriquecido de misteriosas y ancestrales culturas, con grandes y variados espacios para recorrer cargando la mochila. Por ejemplo, viajar en un tren de la India atestado de gente y suciedad, susceptible de sufrir alguna avería, choque, descarrilamiento o cualquier otro contratiempo. O, algo todavía más arriesgado: los autobuses que circulan por el Himalaya…En el norte de Nepal, estuve a punto de morir por este motivo. Y no una única vez...
2-Los bichos: Dado que el/la Avensol acostumbra a elegir países mayoritariamente rurales y subdesarrollados, los bichos campan a sus anchas. Es pues habitual, dormir rodeado de cucarachas mientras alguna araña o reptil trepa por la pared. Si algún bichito se nos cuela por la boca, nos muerde o pica, obviamente, el asunto empeora…En algunos lugares, debido al cansancio y no encontrar mejores alojamientos, u otras circunstancias, también a veces condicionado por el precio, he compartido habitación con mosquitos, ranas, lagartos, arañas y enormes cucarachas…En el desierto del Thar me picaron los mosquitos en una pierna y anduve cojeando unos días. Y eso que me puse el spray antimosquitos.
3-La suciedad: En la India, por ejemplo, no es nada raro hallar un lavabo salpicado de orines y mierda…Además, cuando se trata de agujeros y uno/a debe acuclillarse, mejor tener la puntería de Robin Hood…Observar bien que nos llevamos a la boca, lavarse las manos y comer cosas cocinadas, por ejemplo, nos evitan problemas de salud. Igualmente, es importante comprobar las botellas de agua, y la propia agua de determinados sitios. Y no deshidratarse, pues, por ejemplo, durante una ruta rural por Nepal, prácticamente me desmayé a causa de falta de previsión…
4-Enfermedades: Evidentemente, uno ha de vacunarse para viajar a determinados países y tomar las necesarias medidas preventivas de salud. El riesgo de aventurarse por zonas rurales y más allá de los círculos turísticos, aumenta el riesgo de enfermedades. A quienes consideran que todos los animales son seres encantadores, les invitaría a pasar unos días en la selva por cortesía de doña mosquita Anofeles…Podrán llevarse de recuerdo una malaria, por ejemplo. En una selva nepalesa pisé las huellas de un tigre, y verdaderamente deseaba que apareciese pese a estar armado con un palo largo, pero más frecuentes son, por ejemplo, los perros rabiosos o llenos de infecciones o los inquietos monos ya sea en Nepal , La India y tal. En este último país, tuve un “cara a cara” con un mono que, de ponerme nervioso, tal vez se me hubiese tirado encima...Y no era pequeño, no. Si surge alguna relación sexual, procuremos en lo posible mantener las máximas precauciones. Mi experiencia en la Isla de Pascua, por ejemplo, me ocasionó una comida de coco posterior ante cierta incertidumbre, al follar sin condón, si bien disfruté del sexo salvaje e improvisado en cuevas o frente a ellas. Desde luego, en mis viajes no he buscando follar, ni me lo planteo, pero se dieron las circunstancias.
5-Accidentes: Cuando el/la Avensol deambula a su aire, puede cometer la temeridad de arriesgarse a sufrir un accidente e incluso morir (como cuando se viaja en los autobuses del Himalaya…). En cualquier caso, las prisas y distracciones no son nada recomendables. Por ejemplo, en Nepal, cierto matrimonio se apresuró para llegar a tiempo de coger un avión, y el hombre cayó por un precipicio perdiendo la vida… Y qué decir de esos autobuses a los que, haciendo spoiler de mi libro, denomino “ataúdes con ruedas”.
6-Necesidades fisiológicas: Las ganas de hacer popó o pipí pueden sorprenderlos en cualquier lugar…más aún si hay ciertos problemas de próstata e incontinencia urinaria. Varias horas en un bus, o tren, por ejemplo…A veces, el aspecto repugnante de los lavabos, en caso de encontrarlos en su momento, genera un rechazo a utilizarlos y uno/a prefiere cagarse o mearse encima…El control mental puede ayudar, pero no es recomendable aguantarse demasiado tiempo. He sufrido situaciones bien jodidas de esta índole, por ejemplo en Chile y Nepal...
7-Pícaros y maleantes: En los países tercermundistas, sobre todo en áreas vinculadas al turismo, abundan los pícaros y pesados. En la India, por poner un ejemplo, es muy frecuente que te acosen pidiendo dinero, vendiéndote algo o pegándote un rollo en la onda del mercantilismo religioso (como hacer una ofrenda a algún dios). Viajar solo/a supone ser un blanco fácil. Es comprensible que abunden los guías, independientes o de agencia, porque tienen derecho a ganarse la vida, pero su insistencia puede alcanzar niveles inaguantables que instan a que tanto turistas como viajeros se vuelvan irritables y hasta violentos. Con algunos tenderos o vendedores ambulantes ocurre lo mismo. Un buen recurso para librarse de ellos es ignorarlos mientras se escucha música por los auriculares…Toparse con un/a turista o viajero/a pesado resulta, igualmente, una situación embarazosa. También hay viajeros/as ladrones, por eso es imprescindible no apartar la vista de nuestra mochila; ni de los bolsillos del pantalón. Podremos ser víctimas de todo tipo de maleantes: ladrones, violadores (las mujeres tienen mucho más riesgo), manipuladores que ejercen el asqueroso “turismo sexual” y lo disfrazan de otra cosa, etc…Si uno/a pasa de drogas y prostitución, es positivo activar nuestra “antena cerebral” para detectar a camellos y proxenetas que, al menos en un principio, enmascaran sus intenciones. Alerta, además, con lo de ligar, pues tal vez acabes siendo violada/o tras ingerir una bebida que te han dado, o pagando por un servicio que no has solicitado…O te despiertes sin un riñón. Si bien me han surgido ocasiones de sexo por mera atracción mutua durante los viajes, aprovechando algunas, jamás he pagado por ello ni lo he buscado. Además, detesto el denominado “turismo sexual”, sobre todo cuando están implicados menores. Yo viajo por tendencia natural, por aventura, siempre, espontáneamente, contento de aportar algo y por supuesto, conocer a otras gentes y culturas, con el estímulo de adentrarme en lo desconocido; pero jamás he pensado en ligar, en follar. Aunque, por ejemplo, en la Isla de Pascua, mantuve unas relaciones sexuales con una nativa bastante curiosas y peligrosas...Y sin protección. Hay que tener en cuenta los preservativos y con quien follamos, si bien, en ciertos instantes, uno se deja llevar por la excitación...Afortunadamente, nunca he cogido ninguna enfermedad derivada de tales relaciones. Y cuidado con la policía corrupta o los paramilitares; estos últimos me robaron la cámara de fotos en Chiapas apuntándome con un arma.
8-Precios caros para extranjeros: Esto también afecta a los turistas, claro. Hay lugares donde a los extranjeros se les exige pagar un precio superior que el de los lugareños. Algunas veces puede mostrarse de forma explícita, como en el zoo de Patan (Nepal). Otras, el/la turista o Avensol/Viasol es pescado por un guía para facilitarle el acceso a algún sitio pagándole un dinero, como en la cola para ver el Taj Mahal, en Agra (India). De hecho, en general, a los viajeros solitarios nos cuestan el doble los alojamientos e incluso los desplazamientos…Y ya desde las agencias de viajes, en caso de contratar alguna. Cuando viajé a Bután en 2023, por ir solo, me tuvieron que cobrar el doble por el “pack”.
9-Permisos y burocracia en general: Moverse a la aventura puede acarrear no haber prevenido ciertas normas burocráticas; a mi parecer, generalmente absurdas y dirigidas a un interés meramente económico. Algunos individuos o grupos que obran extraoficialmente abusan de ello, y más con un/a Viasol. Hay zonas en Nepal, como por ejemplo el Alto Mustang, donde se requiere el pago de una cantidad económica inasequible para la mayoría de mochileros/as. El criterio es preservar esa área de la masificación y, lo admito, se antoja comprensible, aunque no me gusta que alguien decida limitar el tránsito por cualquier rincón del planeta. No estoy de acuerdo en que se establezcan fronteras territoriales únicamente accesibles para quienes pueden permitirse pagar bastante dinero. Es lógico que para recorrer ciertos territorios, se necesiten guías y equipo, pero lo de los permisos caros no me convence. La naturaleza es, y debe ser, un espacio libre para cualquiera. Por otro lado, comprendo que, a fin de preservar determinados enclaves, se lleve un control de visitas, como en el Machu-Pichu, por ejemplo. Lo mismo en la Isla de Pascua, añadiendo que también considero justa la ley que impida construir hoteles, comercios o complejos turísticos. Pasar la frontera entre Estados Unidos y México sin que pudieran ponerme el sello de entrada y otras circunstancias adversas de semejante contexto, no fue fácil. Y, por ejemplo, zonas de la India, entre Butan, Tíbet, Bangladesh y Myanmar, hay grupos armados rebeldes, independentistas ,y tuve que someterme a algunos controles.
10- La Globalización capitalista y su aséptico efecto: Hay que apoyar cualquier iniciativa para mejorar las condiciones de vida de los habitantes de esos países subdesarrollados. Pero, del mismo modo que en Barcelona se priorizan los comercios de moda y franquicias en detrimento de la “esencia” cultural y estética, con el cierre, por ejemplo, de viejas librerías y jugueterías, algo similar sucede en otras ciudades, pueblos y países. No resulta atractivo para el /la Avensol , por ejemplo, salir de la Plaza Durbar de Katmandu, caminar un poco un encontrarse con una típica franquicia de hamburguesas americanas. O que, en vez de tiendas donde vendan productos tradicionales y artesanales, encontremos lo mismo que hay en cualquier comercio de los países más desarrollados. Obviamente, los indios, nepaleses, africanos, peruanos, etc, etc…deben gozar de las mismas comodidades, de la mayor variedad de productos, pero existe una creciente amenaza capitalista, mercantilista, que parece querer destruir el “mágico encanto” de ciertos lugares. Estoy de acuerdo en que en Cuzco, por ejemplo, haya un pub irlandés, pero ya que he viajado hasta allí, prefiero un local donde me sirvan comida autóctona y escuche música folklórica de esa región…Nadie negará que lo más coherente cuando se está en Perú es oír una melodía con flautas andinas y no el violín que nos anime a bailar una giga como si nos halláramos en un pub de Dublín… Pero, claro, si a uno le apetece, es muy libre. Aunque, con unas pintas de más, en vez de ver a un Apu, se nos aparecerá un Leprechaun…
Otra cosa distinta es el intercambio cultural. Por ejemplo, cuando un turista o viajero escocés se trajo su gaita a la Isla de Pascua en pleno festival anual de música, danzas, artesanía, competiciones, etcétera…Yo, personalmente, prefería el sonido de los ukeleles…y las tradicionales faldas de las nativas.
11-Alojamientos: El Avensol, debido a su tendencia a improvisar, puede tener dificultades en hallar lugares para dormir y más aún de noche y/o con mal tiempo. Si no lleva consigo una tienda de campaña o ha conocido a alguien que le acoja en su hogar gratuitamente, a veces se alojará en hoteles, otras en guest houses o homestays, si bien estos dos conceptos en ocasiones no son más que hoteles maquillados de rollo familiar, de casa particular o tradicional. Encontrar alojamiento depende de momento, de como uno se siente (apetecer más higiene o comodidad) y, por supuesto, del dinero que se disponga.
Factores Internos:
1-Dudas: Hay etapas o instantes del viaje, donde uno/a duda entre varias opciones. Por ejemplo, tomar un camino u otro, o quedar con alguien que acabamos de conocer y podría ser un “lobo disfrazado”…Lo más acertado es dejarse llevar por la intuición, sin tener miedo y valorando toda experiencia. Pero, siempre, actuando con inteligencia; sin excesiva u obsesiva prudencia ni torpe e impulsiva temeridad. El valor es positivo, porque así enriquecemos nuestras experiencias, pero comportarse como un temerario irracional e inconsciente, puede ocasionar funestos desenlaces. En Perú, llegué a un sitio, pagué la habitación, di unas vueltas, me entró mal rollo y me fui sin pasar allí la noche. La libertad del viajero solitario.
2- Desmotivación: Viajar solo/a puede provocar que, en determinados momentos, sintamos las ganas de regresar a casa. Los motivos son diversos: aburrimiento, algún asunto inconcluso en el lugar de origen, cansancio físico y mental, etc…No obstante, el propio espíritu aventurero sabe encontrar motivaciones, e incluso desviarse de un rumbo previsto supone un aliciente. Sin embargo, llega un momento en que sabremos cuándo se debe dar por concluida la aventura viajera. Es entonces el momento de tomar la decisión de regresar al país de origen, aunque debamos cambiar el billete para adelantar la vuelta; o, por el contrario, resolvamos alargar nuestra estancia. En ambos casos, implica realizar cierto trámite con los billetes.
3-Soledad: Sucede lo mismo que con la desmotivación. Hay instantes, y más después de pasar un tiempo considerable sin relacionarse con nadie, en que el/la Avensol desea compartir sus ideas, emociones, sentimientos, experiencias; y no únicamente con su inseparable diario de viaje. Esto podría ocasionar algún síntoma de ansiedad, o de melancolía. Es necesario armarse de fuerza interior para superarlo. Además, para el/la viajero/a, la posibilidad de conocer gente nueva resulta muy excitante. En mi caso, pese a los obstáculos y efímeros bajones, siempre vence una actitud positiva por explorar nuevos territorios y conocer otras gentes.
4-Falta de dinero: Para el/la Avensol el dinero no influye en su criterio de viajar. Él/ella siempre se acompaña de su mochila y no importa si lleva mucho dinero o poco. Su actitud será siempre aventurera. Gustará pues de improvisar sobre la marcha, dejarse llevar por el instinto, la intuición, variar de trayecto, etcétera. Una noche podrá alojarse en un hotel caro (más aún si no hay más opciones en la zona o uno/a ya está demasiado cansado/a para buscar) y otra en una guest house de lo más cutre…con la compañía de cucarachas, si no hay más remedio; o incluso pasar la noche en un saco de dormir, o viajando en bus, o en tren. Un viajero o explorador puede llevar mucho dinero encima y experimentar la aventura en estado puro, interrelacionarse con nativos, interesándose por la cultura local, aportar algo positivo al entorno que no se limite a lo material, etc… mientras que un turista puede llevar poco dinero y ser eso, un turista. No obstante, el/la Avensol o Viasol, podría haber distribuido mal su dinero y quedarse sin una simple moneda, o sin poder usar la tarjeta de crédito por tener el saldo agotado. La inteligencia del/la viajera/a debe evitar hallarse en semejante percance pero, de ser así, no temerá recurrir a cualquier acción que se le ocurra, siempre dentro de los nobles valores. En tales circunstancias adversas, será posible ofrecer nuestros dones o talentos a cambio de la voluntad o, dependiendo de las circunstancias, de una cantidad concreta de dinero. Lo básico es disponer de algo que comer y beber al día. Después, para desplazarnos, dormir en algún sitio y, si hace falta, reunir lo suficiente para pagarnos el billete de vuelta…
Yo siempre he cargado con todo mi dinero disponible en billetes, distribuidos por varios bolsillos del pantalón y en esa bolsa con cremallera debajo del mismo. Cada noche me distribuía convenientemente una cantidad aproximada de lo que podría necesitar.
5-Problemas internos: Si tenemos problemas o conflictos internos, tal vez situaciones mentales o emocionales no resueltas, van a acompañarnos durante el viaje. Por consiguiente , es inevitable relativizarlos o aparcarlos. Pero lo mejor, sin duda, sería partir habiéndolos solucionado; al menos los más importantes o susceptibles de bloquearnos a lo largo del viaje. El/la Avensol suele ser un/a librepensador, una persona de mente abierta e incluso con un sentido espiritual de la existencia, así que conecta con lo de vivir el Aquí/Ahora, sin miedo. Y a lo que más tememos es a nuestros “demonios” internos. En cualquier caso, el distanciamiento geográfico, físico, si bien quizás no elimine por completo nuestros conflictos internos, probablemente logre aliviarlos, y hasta restarles relevancia, debilitándolos. Algunas experiencias del viaje, incluso son capaces de transformar en parte o en su totalidad nuestra visión o percepción de la realidad, impeliéndonos a cambiar ciertas actitudes ante la vida. Puede pues, ocasionar un efecto transformador en nosotros/as. Si durante un viaje, me informan de que un ser querido mío, un familiar, está grave, no únicamente me bloquea toda posibilidad de continuar, sino que pillo un billete de vuelta lo más pronto posible.
6-Comidas y bebidas: Insisto en tomar precauciones para evitar las bebidas y alimentos en mal estado. Alerta con el agua, incluyendo la trampa de botellas de agua que son rellenadas una vez se vaciaron; o con llevarse a la boca frutas sin haberlas limpiado. Cuidado, en general, con toda índole de alimentos no cocinados.
7-Situaciones extrañas: También supone un factor externo, aunque nos impacta interiormente, pero no tiene porqué afectarnos de manera negativa, así que tan solo en este caso lo incluyo como inconveniente. Incluso resultaría raro que así fuese, que nos provocara alguna mala sensación o dolor físico, o a nivel psicológico. Supongo que tendrá que ver con la percepción , facultades o tendencias de cada individuo, pero yo he vivido experiencias paranormales, sobrenaturales, y he obtenido asombrosas revelaciones.... Ya sea en hoteles, a modo de premoniciones que se han cumplido, o, debido al interés por adquirir autoconocimiento, mediante cartas astrales en la India, Nepal y Bután. Lo de Bután, sobre todo, y como vivencia totalmente positiva, fue digno de películas como Horizontes lejanos de Frank Capra...Al viajero-aventurero se le supone una mentalidad abierta y, consecuentemente, puede conectar con ciertas “señales” y/o protagonizar vivencias fuera de lo normal. En el sentido menos agradable, si he experimentado algunos momentos de mal rollo; por ejemplo, sugestionado por la leyenda de un fantasma o cuando observé el cuadro de una habitación donde me alojé, y empezó a adoptar la forma de un rostro terrorífico, quizás debido al cansancio.
8-Conflictos Bélicos: Si , por falta de información, llegamos a un lugar donde ha estallado un conflicto bélico, lo más sensato es no inmiscuirse y largarse cuanto antes. No hace falta convertirnos en Che Guevara para ser aventureros/as…Bueno, a veces uno no se entera hasta cuando está en el lugar del conflicto...pero la aventura es la aventura. Y si uno empieza comerse el coco de hipotéticos peligros, problemas de salud, bajones anímicos, robos, etcétera, que no viaje solo, con mochila y a la aventura.
Todos estos obstáculos son asumidos por cualquier espíritu aventurero, y hasta refuerzan el valor de los instantes más placenteros o maravillosos. Cuando está en nuestra naturaleza viajar improvisando, a lugares que nos motivan, y los vinculamos a un territorio apropiado para la aventura, no partimos temerosos de las dificultades que puedan surgir. Nos vamos adaptando a las circunstancias, aceptando que podrán haber episodios de enfado, bloqueo mental, tensión, desconcierto, afectación emocional o problemas físicos, y otros de auténtica dicha frente a un hermoso paisaje, compartiendo algo con otras personas, adquiriendo nuevos conocimientos, aportando cosas positivas, o, sencillamente respirando y sintiéndonos libres, focalizados en el Aqui/Ahora; conscientes pero felices de que todo es transitorio e impermanente, de que nada es seguro, y uno vive el instante.
Pues yo, desde niño, ya anhelaba volar. Me identificaba con un ser libre, sin sentirme atado a las convenciones e imposiciones de la sociedad. Acorde con Séneca, "no he nacido para un solo rincón, mi patria es todo el mundo"... Recuerdo que soñaba con ir al Himalaya para encontrar al Yeti, e incluso viajar a otros planetas. Ese deseo de vivir aventuras siempre estuvo muy arraigado en mi alma , así como mi curiosidad por aquello que me atraía, habitualmente fuera de lo corriente. < La curiosidad es la característica de un ser finito con exigencias infinitas>, declaró Voltaire. < El cabalgar, el viajar y el mudar de lugar, recrean el ánimo> (Séneca).
< No pido otra cosa: el cielo sobre mí y el camino bajo mis pies> (Livingstone). Aforismo que debería figurar entre los fundamentos básicos de cualquier viajero/a. Por eso, experimento una inmensa dicha viajando solo, con la total libertad de quedarme en un sitio concreto, de irme cuando me apetezca o de alterar una ruta que había ideado en mi cabeza; de interrelacionarme con la gente, sin depender de alguien que limite mi libre albedrío. Según Platón, la libertad significa: ser dueño de tu vida, no depender de nadie nunca, subordinar la vida sólo a la propia voluntad y no hacer caso de la riqueza.
Si yo viajara acompañado, sé que sería demasiado protector. No consentiría dejar a alguien abandonado ante algún percance y, frente a cualquier amenaza, me posicionaría instintivamente delante de él/ella, ellas/ellos. Soy tolerante al máximo, sin quejarme ni criticar las opiniones ajenas, pero mi capacidad de improvisación podría disgustar a mi/mis compañeros de aventuras (porque nunca podría viajar como turista, no está en mi naturaleza). Y me fastidia que alguien se pase el tiempo quejándose o con mal humor. Además, nunca me sometería a una decisión que coartara mis movimientos, mi motivación por llegar a tal o cual lugar. Sin embargo, hay una actitud natural y espontánea en mí, de erigirme en una suerte de líder. No un "lider" que impone y ordena, sino alguien que gusta de ir delante, de abrir caminos y, de darse la ocasión, avisar de tal o cual posible peligro. Mi voluntad es sólida, pero viajando con otra persona o en grupo, adquiriría el tono dialogante preciso, además de que mi propia personalidad es positiva; doy ánimos de continuar siempre hacia adelante, sin amedrentarme por hipotéticos riesgos. No obstante, claro, tampoco lanzándome temerariamente a situaciones claramente perjudiciales para la supervivencia. Si, por ejemplo, me advierten con toda seguridad de que la carretera está cortada por un alud de nieve, pues lo sensato es sopesar otras alternativas de proseguir la marcha. No obstante, tengo alma de pionero y el valle que hay más allá, es el más verde...< Iré a cualquier parte, siempre que sea hacia adelante> (Livingstone). Y con talante optimista, pese a a las adversidades y el impulso de expresar aquello que no me complace: < Viajar esperanzadamente es mejor que retornar.> (Stevenson).

Se antoja irrelevante si viajamos con poco o mucho dinero. El espíritu aventurero es, ante todo, una actitud, y no se halla sujeta a lo material. Si bien el equipaje adecuado de todo viajero es la mochila y su corazón le insta a diseñar su propio itinerario o improvisar sobre la marcha sin temor a perderse, no importa si un día, debido al propio ánimo o a las circunstancias, duerme en una estación de bus, pernocta en una pensión de mala muerte, como invitado en la casa de algún lugareño o en un cómodo hotel. A veces, uno acaba en un contexto donde no hay más remedio que alojarse en un hotel que cumpla ciertas condiciones, sobre todo para la higiene personal. El aventurero no se pone límites de ningún tipo y cuanto más billetes lleve, pues mejor para él, ¡y para comprar regalos a sus familiares y amigos! Del mismo modo, pese a no ser turista, tampoco va a rechazar la ocasión de visitar un célebre templo o cualquier monumento, una plaza urbana de las recomendadas en las guías y agencias, pasear por calles atestadas de tiendas con souvenirs, o apuntarse a alguna excursión grupal desde cualquier agencia local.
Llevar una cámara de video, en mi opinión, resta espontaneidad al instante y condiciona. Se pierde el espíritu aventurero, pues se pretende un propósito que implica ciertas pautas; pautas que pueden impedir el libre movimiento, el dejarse llevar por las circunstancias, el fluir...Tomar una foto es algo rápido, y hasta facilita un merecido descanso. Pero el video condiciona mucho más. Y puede generar cierta ansiedad. Por ejemplo, cuando ocurre un acontecimiento inesperado digno de ser filmado, ¡y no lo has hecho! Quizás sea la mejor experiencia, la que sobrepasa aquellas que sí ha inmortalizado la cámara de video o el móvil. En definitiva, lo esencia es fluir, y si surge la ocasión de guardar el recuerdo gráfico de algo o alguien, pues así será, pero no como norma estricta.
En 1998, el escritor Jesús Torbado afirmo: < Cuando no viajamos, casi siempre estamos pensando en el futuro. Durante el viaje sólo existe el presente. Por eso se hacen mucho más largos los días>.
Los días pueden hacerse largos, y las vidas nos parezcan cortas pero tal vez algunas personas hallamos tenido varias; y, por lo tanto, conocido muchos lugares...Y si , además, hemos sido grandes viajeros...Eso mismo se deduce, por ejemplo en mi caso, de la carta astral que me hice en Katmandu. Según el astrólogo, uno de los rasgos más identificables de mi naturaleza, el rol de viajero y aventurero, es consecuencia de muchas vidas. Y, en su opinión, he tenido muchísimas...Cierto o no, tanto esta singularidad de mi "Yo actual" como otras, y no heredadas genéticamente de mi familia, han formado parte de mí desde la infancia.
Para mí, viajar, enfrentarme a lo desconocido, ha sido siempre una tendencia natural. Sin embargo, y tal como lo refleja la carta astral, el espíritu aventurero produjo una previsible propensión al desarraigo, a la búsqueda del "valle más verde más allá de la la montaña"...y cuanto más lejano y exótico sea mejor. Acorde con la astrología, en la presente encarnación se antoja conveniente permanecer más próximo al entorno familiar.Y, por fortuna ¡y karma!, tengo una familia estupenda; diferente a mí, pero generosa, tolerante y comprensiva.
Respecto a posibles destinos que me motiven si las circunstancias lo propician ( salud, dinero...), prefiero no planteármelos todavía. Aunque, desde 2014, padezco dolores en el brazo izquierdo y actualmente prefiero cerrar algunos asuntos antes de emprender un hipotético nuevo viaje, el destino lo determinarán, como siempre, las "señales" que pueda percibir. No obstante, sí hay lugares que, a priori, podrían estimularme: Papúa/Nueva Guinea, el Amazonas, Sur de India, suroeste de los EE.UU., Bután (si bien, lo de pagar tanto dinero y las limitaciones impuestas por este gobierno, me tiran para atrás...)...
Si surgiera la propuesta de volver a enseñar en escuelas de niños pobres y desfavorecidos como hice, durante un breve espacio de tiempo y de forma improvisada, en Nepal, estando yo en las adecuadas condiciones físicas y anímicas, lo haría. Me iría hasta el rincón más hostil y remoto del planeta sin dudarlo ni un segundo.
Cada uno de los libros de viajes que he plasmado en libros, han significado etapas diferentes de mi vida. Siento como si en cada uno de ellos, fuera despertando el sentido de espiritualidad que atesoro en mi interior, quizás fruto de mi currículum kármico. Una especie de proceso donde afloran conocimientos que, relacionados con las adecuadas experiencias, indican un camino; más concretamente, a modo de recordatorio de mi esencia; como el despertar a una espiritualidad que ya desarrollé en otras vidas anteriores, aunque en muchas de ellas el concepto de Viaje estuviera vinculado con Aventura, Arte itinerante, Exploración y Conquista, dependiendo de cada encarnación en particular. Obviamente, también pudieron haber vidas donde el viaje se relacionara con la guerra, el comercio, la ciencia, la necesidad económica o búsqueda de fortuna, etcétera. Respecto al Arte itinerante, parte de la escasa información que tengo hasta hoy, refiere a que, en varias existencias, desarrollé el rol de artista que se desplazaba de un lugar a otro. Dependiendo de cada vida en particular, ejercería como músico, cómico, actor, poeta, narrador, etcétera. Seguramente, en una misma vida, desarrollaría sólo uno de esos talentos o varios a la vez. Roles como el de bardo, escaldo, juglar, actor o músico/cantante ambulante, por ejemplo, se ajustarían al patrón de artista errante que fui en ese tipo de encarnaciones. El hecho de vagar sin rumbo fijo por tierras alejadas del entorno donde uno nació ofreciendo los dones o talentos artísticos (de cualquier índole), entra dentro del concepto Aventura. Sobre todo, si ello no estuviera condicionado por la necesidad de sobrevivir, de llevarse el pan a la boca, sino que derivase de una tendencia natural a liberarse de las ataduras convencionales del propio entorno y querer conocer mundo. Si la reencarnación existe, este tipo de rol sería el origen de que combine mi anhelo de aventura con la capacidad artística.
En Nepal, por ejemplo, cuando viajaba con la narizota colorada de payaso, haciendo un truco de magia, dando saltitos al ritmo de mi armónica y dibujando a la gente para regalarles sus retratos e incluso haciendo de cómico mientras impartía unas improvisadas clases a niños de las escuelas más pobres, tuve la sensación de haber recuperado una faceta heredada de otras vidas. Y, de ser cierto, espero que poseyera mayores talentos en tales artes, lo cual no sería muy difícil... También escribo poemas y relatos, aparte de las experiencias en mi diario de ruta, que, como los dibujos, no me llevo a casa. Y, pese a mi limitado inglés, igualmente ejerzo de narrador con las personas que voy conociendo, ya sean lugareños o extranjeros como yo. Les cuento las historias de mi vida, mi filosofía, anécdotas acontecidas durante otros viajes, etc...
No soy mago, ni payaso, ni músico, ni cantante, ni he estudiado para maestro. Y, como actor, no paso de ser un actorcillo que participa de algunos cortos o películas. Sin embargo, todo eso me sale del corazón. Y, ya que considero que si tenemos dones o talentos (que pueden ser artísticos o de cualquier otra clase), es para ofrecerlos. Viajar, supone un medio estupendo para expresar esas habilidades, porque otros pueden disfrutar de ellas. En Kagbeni, por ejemplo, había un viajero que realizaba figuras con globos para regalárselos a los críos de allí. Yo, mientras, hacía mi sencillo truquito de magia e interpretaba melodías con mi armónica. Lo importante era el resultado, porque los pequeños kagbenienses lo pasaban bien. Las sonrisas de los lugareños, especialmente niños, resultan suficientemente gratificantes para que el entorno sea mucho más hermoso; y para que la misma aventura adquiera un sentido más trascendental, más bello, que el mero hecho de moverse libremente de un lugar a otro según el propio instinto, sin seguir un plan diseñado por otras personas o una agencia de viajes.
Este "despertar" se traduciría como la señal de reencuentro con el concepto de Viaje en clave de búsqueda de Sabiduría, de Espiritualidad, que ya debía ejercer en varias existencias terrenales; pero, al mismo tiempo, aportar dones y talentos artísticos. Es decir, ya que en el cómputo de vidas pasadas predomina, entre otras cosas, ese rol de viajero/aventurero, ahora toca recuperar la faceta del ser que asume su espiritualidad y de manera natural aporta algún don o talento en sus viaje; y no la del conquistador, explorador o simplemente del personaje que gusta de llevar una vida errante, libre, descubriendo nuevas culturas y escenarios. Y, además, al igual que ya debía hacer en otras vidas, retorno al lugar de origen para narrar mis aventuras. Mientras que en otras encarnaciones, no volvía jamás.
Esté escrito en los astros o no, a mí me produce un enorme placer expresar tales vivencias en unas hojas de papel; no sólo porque es algo natural en mí, sino porque considero que se trata de experiencias bastante inusuales, e incluso sorprendentes. Tampoco debe extrañar, dada mi singular personalidad y filosofía de vida, junto a la obviedad de moverme en solitario, a mi aire, lo cual favorece que sucedan anécdotas curiosas. En cualquier caso, siempre estoy abierto a aprender algo y ni mucho menos me creo un sabio o un individuo que ha alcanzado, por así decirlo, la "iluminación", sea verdad o no que acumulo tantas vidas...Aunque el tema de la reencarnación siempre me ha interesado y dispongo de determinada "información" susceptible de que podamos aceptar esta teoría como un fenómeno real.
En definitiva, soy una persona que disfruta viajando y comunicando. Según el tipo de viaje que conecta con mi propia naturaleza. Esto no impide, por ejemplo, que, por algún motivo específico e indudablemente apetecible, algún día decida ir de visita a algún determinado lugar. No me cierro a, en una situación concreta, sustituir mi mochila por una maleta con ruedas; por ejemplo, desplazarme para realizar un trabajo, promocionar un libro o dar una conferencia. Pero para mí eso no entraría en mi noción de Viaje. Si viajo, es a la aventura. Y si llegara a dejar de hacerlo, por problemas de salud o porque perdiera el interés por cualquier destino de este mundo, supongo que, permitiéndome incluir el currículum viajero de tantísimas reencarnaciones, ya me daría por satisfecho. En el hipotético caso de volver a reencarnar, me fascina la idea de descubrir, explorar, otros planetas...Quizás, con tantas vidas, ya haya recorrido el globo terráqueo un montón de veces y mi motivación se focalice en aventurarme a través del espacio, viajando entre las estrellas...
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